22 de septiembre de 2006

Hoy

Llevo ya un tiempo trabajando en algo que, sinceramente, me gusta, me llena, me satisface y hasta me realiza. Haciendo un repaso mental desde esa edad que pones la crucecita cuando terminas la selectividad, han pasado por mi cabeza muchas ideas y propósitos distintos. Y creo que, ahora, tras ocho años, empiezo a ver un camino recto en lo que quiero hacer. Como murciano que soy, no diré que ha llovido mucho desde entonces, pero sí, que es verdad que desde aquella época he tenido varias experiencias que voy guardando para esa mecedora rodeada de nietos. A los dieciocho años admiraba a mi padre, sigo haciéndolo, porque su vocación a la lengua, la literatura y la poesía habían aparecido ya casi en su infancia. Yo a esa edad me limitaba a seguir el camino que me iba marcando la sociedad, intentando dar pasos firmes pero sin cuestionarme siquiera muchos aspectos que hoy en día para mí son vitales. Podía predecir a los veintitantos por donde no quería que fueran los tiros de mi futuro, pero realmente seguía dando círculos sin encontrar la puerta que me condujese a un futuro que me llenara. Realmente, el porcentaje de vida que estamos trabajando es realmente suficiente, como para pasar por alto, que hay que luchar por estar bien en él. Hoy en día, cuando mi jefe se disculpa si me llama cuando estoy comiendo, me pregunta si estoy cómodo en la empresa, o reconoce que estoy haciendo bien mi trabajo cuando me reúno con él, hace que me plantee y me acuerde de ese pasado que todos llevamos escrito. Y lo que realmente pasa, es que ninguno somos capaces de conocer nuestros límites, pero lo que si es cierto, es que hay que intentar explotarlos al máximo. Creo, y quiero seguir creyendo, que la ambición moderada, debe ser una parte más que conviva con nosotros, y que hay que despertar continuamente esa fuerza que todos llevamos dentro y que nos empuja a cambiar, a mejorar, a ser mejores, o por qué no ....a ser más felices, al fin y al cabo. Ojalá estas palabras que escribo ahora, queden impregnadas en mi conciencia para siempre.

10 de septiembre de 2006

Sociabilidad

Hoy es uno de esos días que he intentado hacer memoria de algunas cosas en mi vida. Sé que ha habido muchos momentos salpicados en estos años que me he ido acordando de lo que voy a relatar aquí. Hoy me apetecía escribirlo. Me apetecía grabar con estas letras algo que se sabe, está ahí, se piensa, se intenta remediar, pero no se pone el suficiente esfuerzo en cambiar. Por supuesto, como reflexión que es, hablo en primera persona. Bueno, pues este escrito va dedicado a todas y cada una de las personas que han aparecido en mi vida por uno u otro motivo y que, por circunstancias, voy sabiendo poco de ellas, aunque con ello, no menoscabe mi mas profundo afecto y aprecio a todas ellas. La lista es bastante larga, pero, si empezamos a tener en cuenta la gente del cole, vecinos, el instituto, el primer trabajo, la familia, el segundo trabajo, la universidad, el tercer trabajo, las prácticas, las fiestas, los viajes, los campamentos, los viajes organizados, las concentraciones moteras, los amigos de los amigos, las relaciones, parejas, cuarto, quinto, sexto trabajo.…. En fin, creo que en cada una de esas palabras entra en juego mucha gente. Por supuesto, todo esto tiene un crecimiento exponencial, y cada vez el ritmo es más rápido, casi, que cuesta conservar las relaciones existentes e ir conociendo más profundamente las nuevas. Estamos hablando de personas, sentimientos, actitudes y valores. Yo creo que es más digno de atención de lo que parece. Lo que vengo a decir, es que entre los compromisos, obligaciones, quehaceres, y diversidades que engloban el día a día de cada uno, queda poco tiempo para atender a las personas que merecen tu atención y no se le presta. Es como una piedra que cae en medio de un lago en calma y forma una serie de círculos concéntricos. En el centro está cada uno de nosotros y en cada círculo cada una de las personas que componen tu vida. Mantienes contacto casi diario con las que están el círculo más próximo a tí, pero hay personas que van quedando paulatinamente cada vez más alejadas de ti, y de tu círculo. Este escrito es para ellas. Para todas ellas, como he dicho antes. Esto no justifica nada, ni resuelve nada, ni suple nada. Solo lo expreso aquí con ánimo de fortalecer mi ser en el ámbito de un valor tan relevante como puede ser la sociabilidad. Sin embargo, sigo sorprendiéndome porque verdaderamente hay gente que no consigo ver todo lo que quisiera y aún así, cuando coincidimos, me hace el cómplice más orgulloso de su franqueza cuando me recibe con los brazos abiertos. Es un placer, lo bien que se siente uno, cuando alguien me dice: “¡¡Hola Jesús!! ¿Qué tal?. Cuanto tiempo sin verte. Me alegro que estés bien….” Lo importante es poder saber que la otra persona está ahí. Que tienes su mano, su apoyo, su hombro; aunque no la veas, aunque no la conozcas lo suficiente, aunque no sepa de tu vida particular casi a diario. Joder. Es la fuerza que nos ha mantenido generación tras generación entre nosotros mismos. La sociabilidad. El estar bien con los demás.
Intento expresar aquí, que aparte de que hay que saber cuidar las amistades, hay que entender que la complejidad de cada uno es casi inmensa y que para mí están fuera de lugar los motivos, las razones o los argumentos de no haber coincidido antes. Sé que puedo contar contigo y puedes contar conmigo. Aquí tienes mi sonrisa y mi mano. Espero poder tener la tuya. Intentemos ponernos en el lugar de la otra persona, intentemos entender que habrá tenido sus motivos cualesquiera. Intentemos ser comprensivos con los demás y albergar con calor a las personas fuere cueles fuere su situación, tiempo que hace que no las hemos visto, posición, conflictos anteriores o lo que sea. Intentemos apoyarnos, entendernos, querernos, en una vida que cada vez nos conduce más por donde ella quiere que por donde nosotros queremos.

…………………………

“La amistad supone sacrificios, y sólo el que está dispuesto a hacerlos sin molestia comprende la amistad” Noel Clarasó
“Cada virtud necesita un hombre, pero la amistad necesita dos” Montaigne
“La amistad que se puede concluir, nunca fue verdadera” San Jerónimo
“Si la gente te quiere es porque antes tú la quisiste” N. Vincent Peale
“La causa de mi felicidad no es el amigo, pero brota cuando estoy con él” Tony Mello.

4 de septiembre de 2006

La balsa japonesa

Este rompezabezas me llegó por correo electrónico y reconozco que me costó un buen rato resolverlo. Sólo hay que cumplir unas sencillas reglas (la implementación en 'flash' ya se encarga de que no seáis tramposos) para conseguir que todos los personajes pasen a la otra orilla del río mediante una balsa.

El juego original parece ser japonés. En el siguiente hipervínculo, se accede a la presentación y tenéis que pulsar en el botón redondo azul para empezar: La balsa japonesa

Las reglas a seguir son:

  • Todos tienen que cruzar el río utilizando la balsa.
  • La balsa sólo tiene capacidad para dos.
  • Sólo saben manejar la balsa 3 personajes: la madre, el padre y el policía. Sin uno de ellos abordo, la balsa no se mueve.
  • El padre no puede permanecer con ninguna de sus hijas sin que esté presente la madre.
  • La madre no puede permanecer con ninguno de sus hijos sin que esté presente el padre.
  • El ladrón no puede permanecer con ningún miembro de la familia sin la presencia del policía.
Suerte! :)

Si conseguís el reto, veréis esto



Ánimo, que sé que hay muchas mentes brillantes por ahí ;)

16 de julio de 2006

Un principio sin fin

Intentaba entrar en razón el otro día a una persona que afirmaba, que según él, todo tiene un principio y un final. Bueno, lo cierto es, que humildemente pienso que nadie tiene una verdad absoluta de algo. La humanidad se rige con creencias, sustentamos nuestros cimientos en valores, en decisiones, y avanzamos en peldaños firmes que forman parte de esa escalera que moldea la personalidad. Supongo que antes del descubrimiento de América nuestros vecinos los indígenas creían en la inmensidad del mar, creían en ese comienzo palpable del agua pero que no tenían muy claro donde acababa. Supongo que fuera de lo tangente, de lo material, de lo humano, o de lo vital todo tiene un principio, pero me niego a creer que absolutamente todo tiene un final. Ejemplos miles…O es que acaso en miles de generaciones se nos ha acabado la música, la literatura, la poesía, el arte, la ciencia…. Pero sin irnos ni siquiera a dichos ejemplos, ajustándonos a la propia persona, ciñéndose al propio ser, no termino de creer que haya personas que tengan fin en compartir, en dar, o en amar. Sé que hay gente con una sed infinita de dar, de regalar sonrisas, de dar amistad, de dar un apoyo, un consejo, de dar aliento, de dar ánimo, de dar lo que sea, a cambio de nada. Aunque verdaderamente, creo que lo bueno de esto, es que proporcionalmente, uno se llena más cuanto más da. Y también sé, que hay mucha gente que tiene el inconmensurable don de compartir, de compartir aquello que nos hace bien, aquello que nos llena, aquello que nos hace ver en otro rostro el espejo del nuestro. Pero lo cierto y verdad es que diariamente nos tropezamos con gente así, con amistades que hemos recorrido ya mucho camino o gente que vamos conociendo…Si hay gente que nos da, comparte con nosotros y nos sentimos apreciados por ellos, para mí eso es fiel reflejo de una inconmensurable gratitud, de un insaciable sentimiento de alegría, y de un claro ejemplo de que en este mundo no todo tiene un final.

25 de junio de 2006

Raticos

La vida de una persona se compone de muchos aspectos. De muchos momentos. De historias al fin y al cabo. De raticos… Ahora estoy sentado delante de este ordenador desahogándome golpeando unas teclas que me ayudan a plasmar lo que siento. Me gustaría atar ciertos momentos con una cuerda tan fuerte que no pudiera romper el tic-tac de ningún reloj. Me gustaría pintar ciertos momentos en un lienzo que fuera capaz de superar el paso de los años. Me gustaría hasta que la Tierra se parara en sus movimientos en ciertos raticos…Hay raticos capaces de dar aliento a las personas, pero mejor dicho, son las personas las que dan aliento a esos raticos. Hay personas que acarician el fondo de otras. Hay personas que por sí solas llenan de color los raticos mas grises.
Pasado, presente y futuro. A veces vivimos un presente recordando un pasado que va escribiendo la forma de tu futuro. Ahora vivo mi presente recordando un pasado, recordando como titula este relato, un ratico. Uno de esos, que saboreo, que recuerdo, que me alegra, que me distrae, que me da vida, que me dibuja un futuro. Vivimos en viajes continuos, en idas y venidas de recuerdos. Es el viaje que no para, pero que no sabe avanzar sin mirar atrás. Por desgracia, cada vez que la vida vuelve la vista atrás no sabe si se encontrará con buenos o malos recuerdos. Es la probabilidad la que entra en juego ahí. Por eso, insisto, ahora disfruto echando la vista atrás, dejando este escrito para plasmar y recordar esos raticos tan llenos de vida que hace que cambies los neumáticos en la rueda de tu vida. Espero no tener que hacer muchos kilómetros para volver a disfrutar de otro. ;)

24 de junio de 2006

18 de junio de 2006

Para una estrella

Con todo el cariño de tu amigo, a una niña con una mirada y una sonrisa capaces de llenar ese vacío que todo hombre lleva en su alma. Cuídamelo ;)





Fábula

Y te cuentan cómo él se transformó
en árbol porque así lo deseó
y se quedó plantado allí mirando
la tierra en que nacían flores nuevas.

Fue refugio de conejo y colibrí
y el viento le enseñó a qué saben, sí
la miel y la resina silvestres
y la lluvia lo bañó.

"Y mi felicidad -decía para sus adentros-
eso... eso... sé que ahora la encontré
eso... porque tengo todo el tiempo ya para mí
ya no necesito más de nadie,
toda la belleza de la vida es para mi"

"Y un día pasaron por allí
los ojos de una niña
que le habían robado al Cielo
el brillo de dos estrellas".

Y se estremecieron sus raíces.

Cuánto desconcierto
de improviso dentro de él
eso solamente siente el hombre sin la mujer
y alargó sus ramas hacia ella.

Sintió que la felicidad
no es nunca la mitad del infinito.

Luego, era el tiempo
sol y luna, nube y música
era el tiempo risa y llanto
y entre tanto
era un hombre que
a la vida despertó.

Era como el tiempo que llenaba
sus enormes solelades,
esa parte verdadera
que una fábula encantada
esconde en sí para ser auténtica.

2 de junio de 2006

Bondad

Acabo de llegar, de compartir un rato agradable. Un rato con buena compañía. No sé por qué, este rato me ha dado que pensar. Me ha dado por pensar en la gente buena que tengo a mi alrededor. Yo creo que en esta vida, es inevitable hacer mínimas comparaciones. No me refiero a comparar personas a grandes rasgos, sino de valorar, “algo” frente a otro “algo” equivalente. Como suele ocurrirme en ciertas situaciones aunque esté metido en una conversación, me evado a ese pequeño mundo que solo compartimos mi imaginación y yo. Es en ese mundo donde nacen las ideas, y donde esta noche me ha hecho recapacitar en la trama de esta historia. A veces la sociedad se mueve tan deprisa que no nos detenemos, o no tenemos el suficiente tiempo, para pararnos a pensar en las palabras relevantes. En disfrutar “eso” que tenemos al alcance de nuestra mano, y que no valoramos con la importancia que tiene. Se me ocurren muchos ejemplos ahora mismo que giran en torno a este comentario, pero me quiero centrar en solo uno. La bondad de las personas. Algo tan corrompido por este mundo que hasta da mucho que pensar. Hoy no se lleva el ser bueno. Pero es más, no es que no se lleve, como el que habla de una moda, sino que aparte es difícil “sobrevivir” en este mundo siendo noble. Y hasta estoy bien seguro de que cuando digo hoy, también hago referencia a toda la historia de la humanidad. Estoy convencido de que una persona al nacer no es premeditadamente de una forma de ser. Todo viene condicionado por la educación, las compañías, las influencias, el ambiente, la época, la sociedad, el país….y un sinfín de factores más. Yo tuve la suerte de tener en mi infancia a favor gran parte de todos esos factores. Era, una persona normal, educado en una familia normal, dentro de unos parámetros normales. Pues bien, digo esto, porque inevitablemente, el cobijo familiar tiene un límite. La naturaleza misma nos muestra miles de ejemplos referentes a esto. Todo evoluciona, como decía Darwin. Y hablando, un poco por experiencia, he tropezado con muchísimas personas capaces de destruir los pilares de algo tan fomentado como la bondad que tiene inculcada una persona. No digo con esto, que nos convertimos en malas personas. Sólo digo, que el día a día, el ir conociendo personalidades, el ir desnudando a las personas en valores, el ir luchando con el trabajo, hace que despiertes en un mundo real que es en el que hay que convivir. Los golpes del cincel del escultor son los que moldean la figura para conseguir la perfección. Pretender vivir en un idílico mundo lleno de bondad y de paz, es algo que solo entra en los deseos de las finalistas de los concursos de miss España. Pero no muy lejos de conseguir eso, somos privilegiados en poder elegir nuestras compañías. Mantener la bondad y hacer el bien, es difícil de conseguir. E incluso, por muy sanos que sean nuestros propósitos, se hace daño. Concluyo con el resumen de que a veces comparo gente vacía en los sentimientos del bien, con personas con las que puedo disfrutar un rato como el de esta noche, gente que voy conociendo o gente con la que voy compartiendo mi vida. Si no ponemos algo tan reconfortante como la bondad en nuestros días estaremos empañados por el caos de la malicia. No obstante, en medio de esta guerra despiadada en que vivimos, donde las calumnias, los engaños, falsedades, poder, fraudes, chantajes, manipulaciones, abusos, rencores y otras armas que catapultan a la fama, al dinero y al triunfo en sociedad, cabe pensar que todavía quedan corazones humanos repletos de bondad. A todos ellos gracias.


Querer ser bueno, es ya ser bueno (Beauchéne)